La sidra de mejor calidad tiene su origen en las variedades autóctonas de manzana, frutos que cada elaborador escudriña en las distintas parroquias de Villaviciosa y en los otros concejos manzaneros del Principado, ya que existen cientos de variedades de manzana de sidra en la región, cada una con sus características propias de acidez, amargor, etc. Además, cada variedad presenta comportamientos distintos según sea su origen. Por ello, es habitual entre lagareros el mezclar manzanas de distinta procedencia geográfica, combinando frecuentemente frutos de los concejos del interior de la región con los procedentes de municipios costeros. Sin lugar a dudas, a lo largo del proceso de elaboración de la sidra existen dos factores presentes: la variedad y la mezcolanza.

Durante los meses de octubre y noviembre, el aroma de la manzana triturada perfuma los alrededores de los principales enclaves sidreros. Es entonces cuando podemos apreciar la frenética actividad de cada bodega, el ir y venir de los tractores cargados de manzana, el cansino ronroneo de los molinos trituradores, la acción de los husillos, así como las tareas de carga, corte y descarga de las prensas y, sobre todo, agua, mucho agua. Y es que todo el proceso requiere mucha limpieza e higiene, condición que se hace patente en el riguroso y físicamente agotador lavado de cada uno de los toneles de castaño, antes de proceder a su llenado, así como inmediatamente después a su embotellado.

Video de SERIDA sobre las variedades de manzana de las D.O.P “Sidra de Asturias”